Los embates del nuevo colonialismo en Nicaragua .

Daniel Vives Simorra, PRCF-Universidad de Rouen (Francia).

Cuando nos enteramos del tema de las Independencias que nos ocupa, como Latina ya estábamos convencido que la problemática afecta a todos los países que José Martí denominaba “Nuestra. América”. No nos referimos al período de las independencias de comienzos del siglo XIX que marcaron el fin de la dominación de España en la mayor parte de América Latina sino más bien a las incesantes intervenciones militares de los Estados Unidos al sur del Río Bravo. Ya se sabe que ese “derecho de injerencia” estadounidense sobre los vecinos del Sur – su “patio trasero” – empieza con la famosa Doctrina Monroe de 1823 y sigue vigente en la actualidad, reivindicado por un imperio decadente pero cada vez más brutal.

Así que el campo histórico por investigar es inmenso, desde la intervención norteamericana en Puerto Rico, un año después de la proclamación monroísta hasta las recientes injerencias que adoptan, según los casos, los modelos de las “revoluciones de colores”, de las guerras de baja intensidad, de los golpes parlamentario-judiciales, o de las tentativas directas de desestabilización. Que se trate de Honduras, Paraguay, Brasil, Colombia, Venezuela, Nicaragua, Cuba…, el objetivo es el mismo : imponer la ley férrea del Imperio norteamericano.

Claro que habría que distinguir entre las injerencias norteamericanas. Las hubo militares, para acabar con la independencia de un país como pasó con Puerto Rico y Panamá o con la Cuba de la época de la enmienda Platt en 1901. Las hubo momentáneamente militares para derrocar políticos que se mostraban renuentes a respetar los intereses del gran vecino del norte y reemplazarlos por gobiernos títeres más dóciles. En fin, a menudo, los Estado Unidos atentaron contra la soberanía latinoamericana de modo indirecto pero no por eso menos sangriento.

Ahora bien, quizá Nicaragua sea uno de los países, que aún más que otros, tuvo que sufrir a lo largo de los siglos XIX, XX y XXI todas esas formas de agresión. Por eso, esta parte de Centroamérica constituye un caso modélico por lo que toca a la cuestión de la soberanía.

De hecho, entre 1853 y 1856, los EEUU enviaron a Nicaragua las tropas del filibustero William Walker que devastaron el país. Derrotado militarmente por una coalición centroamericana, Walker fue finalmente fusilado en 1860. Los pretextos para justificar la invasión no faltaron pero fundamentalmente se trataba de colonizar de nuevo al país para controlar sus vías marítimas transoceánicas. El propósito de la Compañía de Tránsito del magnate estadounidense Cornelius Vanderbilt que patrocinó a Walker era apoderarse de la ruta fluvial del río San Juan que va de la costa del Caribe cerca de San Juan del Norte (Greytown) hasta San Carlos en la orilla este del gran lago de Nicaragua, el cual, después de operaciones de dragado, permitiría navegar hasta el estrecho de Rivas y alcanzar la costa del Pacífico distante de unos 20 o 30 kilómetros gracias a un canal.

13 años más tarde, los soldados norteamericanos volvieron a invadir el país. Al fin del siglo, hubo otra invasión en Bluefields en la costa caribeña. Las injerencias se repitieron sin cesar desde 1907 hasta la toma del poder por el dictador Somoza en el 33. Tras la revolución sandinista que en 1979 y la derrota de la dictadura que había convertido Nicaragua en un feudo de los Estados Unidos, éstos intervinieron de nuevo para tratar de mantener su política neocolonial.

Para ilustrar la historia de estas amenazas contra la soberanía nicaragüense, nos limitaremos a comentar cinco momentos que nos parecen significativos.

I. Rubén Darío y el Calibán del norte

Tras la derrota de España en su guerra contra los Estados Unidos, un egregio nicaragüense, por otro nombre Rubén Darío, escribió en 1898 un texto titulado «El triunfo de Calibán» en el que expresaba, en tono de maldición, su repudio hacia el yugo  norteamericano. Inspirándose de La Tempestad de Shakespeare, sus páginas apasionadas defendían al Próspero latino-americano, sinónimo de civilización humanista y culta, contra la bestialidad del Calibán del norte.

Calibán  – anagrama de caníbal –, era el monstruo que acababa de destruir los últimos vestigios del poder español en Cuba (1898), tomando el control de la isla y apoderándose de Puerto Rico. Con aquella victoria, Norteamérica amenazaba con transferir sus apetitos, una vez más, a la totalidad del continente latinoamericano. Después de describir a los invasores como «búfalos de dientes de plata […], aborrecedores de la sangre latina», «Bárbaros», «cíclopes, comedores de carne cruda [….], mastodontes colorados, pesados, grasosos […siempre] a la caza del dólar», «calibanes [que] comen, calculan, beben “whisky” y hacen millones », «estupendos gorilas colorados», tras añadir que «todas las rachas de los siglos no podrán pulir su Enorme Bestia», Darío concluía : «No, […], no puedo estar por el triunfo de Calibán»[1].

Dado la imagen siempre repetida de un Darío afrancesado, precioso, decadente, exótico, manierista, recluido en su torre de marfil, sorprenderá que se insista sobre su actitud antimperialista e independentista en este breve texto que la crítica suele pasar por alto. Pero la misma crítica desconoce la «faceta, poco conocida y divulgada» de Darío, la un «cronista e intérprete de los acontecimientos y fenómenos más significativos de su tiempo»[2], la figura [del] poeta y el escritor visionario de proyección política y social que emplaza al Imperio y denuncia la injusticia de un sistema de opresión y explotación»[3]. Desconoce también que desde joven, el poeta se adhirió a los ideales de las fracciones más progresistas del  radicalismo liberal de Centroamericano de finales del siglo XIX: proyectos de desmantelamiento de las estructuras de una sociedad oligárquica, bastante limitados, la verdad sea dicha, pero compensados por un jacobinismo anticlerical basado en el pensamiento de la Ilustración, en la Revolución Francesa, en el espíritu de libre examen, la masonería, el positivismo deísta, la lucha por la unidad latinoamericana en la tradición bolivariana de los “Libertadores”. Es a esta corriente reformista centroamericana que el presidente José Santos Zelaya implementó más tarde entre 1893 y 1909 que el joven Rubén Darío estuvo vinculado, antes de sus primeros encuentros con las ideas socialistas y anarquistas a finales de los años 1880.

Como prueba de la continuidad del compromiso antimperialista de Darío, sería necesario recordar el cuantioso corpus de escritos darianos enfocados hacia los problemas socio-políticos que se recogen en varias antologías publicadas en la Nicaragua sandinista.

De momento sólo se evocará brevemente un ensayo tardío – la «Refutación al presidente Taft» de Santos Zelaya cuando se enteró de un mensaje del presidente estadounidense, Howard Taft al Congreso US en 1910 que constituía un violento ataque contra el ex presidente de Nicaragua Zelaya y la serie de medidas que había tomado, orientadas, con sus límites y claudicaciones, a salvaguardar, a pesar de todo, la soberanía nicaragüense. La respuesta de Zelaya se presentaba como un fervoroso alegato a favor de su política de independencia nacional hasta su derrocamiento precipitado por el desembarco de los infantes de marina estadounidenses.

El texto de Taft había llegado a las manos de Darío que residía entonces en Barcelona y lo mandó a Santo Zelaya exilado entonces en México, rogándole le diera una respuesta, la cual Darío recibió al año siguiente. El poeta pensaba publicarla en español con algunas modificaciones en La Nación de Buenos Aires y también traducirla al inglés y al francés. Pero el periódico porteño se contentó con dar a conocer fragmentos de la respuesta y la versión original en castellano sólo volvió a publicarse tras el triunfo del Frente sandinista[4] (5).

II. El vanguardismo fascista en Nicaragua

Una segunda etapa nos encamina hacia horizontes muy diferentes : los del movimiento de la Vanguardia nicaragüense que desde finales de la década de 1920 militó a favor de una restauración del antiguo orden colonial[5]. En los ámbitos religiosos, culturales y socioeconómicos, el intento implicaba una crítica radical del período de la Independencia. Un activismo polémico caracterizaba el discurso de este grupo político-literario que se estructuró en torno a escritores e intelectuales como José Coronel Urtecho, Pablo Antonio Cuadra, Joaquín Pasos…

Para la Vanguardia, la historia de Nicaragua está marcada por un evento funesto : el de la independencia proclamada en 1821 cuyo carácter dañino, según ellos, se agravó unos años después con el episodio de la República Federal Centroamericana y la proclamación de la República de Nicaragua. Según Cuadra y Coronel Urtecho, es así cómo empieza el divorcio con el orden ancestral y la catástrofe consecutiva a la que se resumen los años de guerras civiles hasta 1858, o sea para ellos un “período de la anarquía”. En cambio, los vanguardistas hacen el elogio de la promulgación de la Constitución que, el mismo año, abre el período del “treintenio conservador” (1858-1893) muy favorable a los grandes terratenientes coloniales. La Vanguardia considera este momento conservador como un retorno al Edén colonial, Con lo cual se oscurecen algunos “daños colaterales”…, como la persistencia del intervencionismo estadounidense a los que el Partido Conservador otorga la exclusividad sobre cualquier proyecto de canal interoceánico en Nicaragua. Además, el modelo vanguardista-conservador ignora el expolio de los pueblos aborígenes durante la privatización de la tierra causada por el auge de una “caficultura” que empieza por aquellos años y que no modificó la debilidad de una economía compradora y retrógrada, dominada por una clase poseedora de inmensas haciendas[6].

Desgraciadamente, argumenta la Vanguardia, esos “años felices” terminaron con el giro anticlerical y burgués de la presidencia liberal de José Santos Zelaya, representante de una fracción  criolla progresista que trató de modernizar la producción y el comercio del  café. Para colmo, Zelaya emprendió una política de confiscación de la propiedad de la Iglesia y de expulsión de los jesuitas.

La derrota del progresismo liberal de Santos Zelaya y el retorno al poder del partido conservador a partir de 1909 no impiden que los vanguardistas vean con unos ojos muy críticos el avance del “espíritu burgués”, como dicen, es decir la euforia mercantil que triunfó durante la era de las “vacas gordas » de los años veinte. Un espíritu burgués que según ellos comparten los conservadores y los liberales.

En resumen, los vanguardistas, cultivan un gesto “progresista” en cuanto a la forma estética – rasgo común a todos los vanguardismos latinoamericanos de los años 20 y 30 – con una defensa de una tradición imperial e anti-independentista que regresaría hacia una Hispanidad premoderna, ultraconservadora, basada en una economía de haciendas y operaciones mineras. En 1928, Coronel Urtecho declaraba que

la independencia de Centroamérica, es decir, la consiguiente independencia de Nicaragua […] fue el triste fin de un gran Imperio […] no fue un alba gloriosa, no fue un principio heroico, no fue una gran conquista libertaria lograda por un pueblo oprimido que se erguía[7].

El revisionismo histórico de Coronel Urtecho, Cuadra, Luis Alberto Cabrales que se mantendrá hasta la década de 1940 a través de la formación del grupo político-literario del Taller de San Lucas, es el resultado de un conjunto de influencias.

La influencia jesuita y su cuerpo de doctrinas, en primer lugar – nutrida de clasicismo, catolicismo apostólico y romano, filosofía escolástica desde Tomás de Aquino hasta Jacques Maritain… – que los vanguardistas adoptan muy pronto en su juventud en los bancos del Colegio Centroamericano de Granada.

Además, en plena dictadura somocista, acogen con entusiasmo diversas corrientes reaccionarias y autoritarias: el nacionalismo monárquico francés (Léon Bloy, Maurras, Léon Daudet) o la ideología de una latinidad imperial en que se mezcla una admiración por el régimen de Mussolini y la Hispanidad conquistadora del escritor español Ramiro de Maeztu. P. A. Cuadra, en particular, no escatima ni disimula sus elogios por el franquismo.

La interrelación de la Vanguardia con la dictadura de Somoza García en el 34 muestra que hace falta matizar fuertemente su apoyo intelectual a la lucha guerrillera de Augusto César Sandino, lucha en la que prefiere ver menos el programa de colectivización de la tierra que una insurrección cultural de una “Tradición” que no quisiera doblegarse bajo el yugo norteamericano. Según Cuadra, Sandino sólo habría combatido contra una «raza distinta» portadora de una amenaza mortal para el “espíritu ladino: indo-español” en el que se basaría una esencia nicaragüense[8].

III. La revolución sandinista frente a las agresiones. Desde la victoria hasta la derrota

Abandonaremos la Vanguardia anti-independista de entreguerras para dar un salto en el tiempo hacia el año decisivo de 1979. Como se sabe la unanimidad que acompañó la entrada victoriosa en Managua del Frente Sandinista de Liberación  (FSLN) fue de corta duración.

Se debe considerar sobre todo las divergencias entre las fuerzas que se opusieron a la tiranía en su agonía. Por una parte, el Frente sandinista fue el motor esencial de la lucha armada contra la dictadura con el respaldo de la mayoría del bando popular. Por otra parte se constituyó un bloque de oposición burgués que sólo in extremis cortó las relaciones con el somocismo, sobre todo a raíz del asesinato en enero del 78 de Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, director del influyente periódico La Prensa, heredero de una potente familia de notables conservadores de Nicaragua y uno de los más constantes oponentes burgueses a la dictadura de los Somoza.

Hay que reconocer el valor personal de Chamorro Cardenal, sus encarcelamientos durante la dictadura de Anastasio Somoza García y la de su hijo, Anastasio Somoza Debayle, su papel clave en las actividades opositoras que desplegó la Unión Demócrata de Liberación (UDEL), formada en octubre del 74. Tampoco se debe olvidar la fuerte conmoción que produjo en el país su asesinato a manos de la Guardia Nacional de Somoza en enero de 1978.

Pero, de modo general, el bloque burgués no somocista que lideró principalmente Chamorro Cardenal, no era partidario de una salida auténticamente revolucionaria. Después de su muerte, la burguesía nicaragüense siguió privilegiando la misma política de colaboración, de neutralidad o de reformismo derechista que fue la suya durante todo el período del somocismo. Con el avance del Frente al final de los años 70, algunos sectores de la UDEL, llegaron a solicitar varias veces un diálogo con Somoza Debayle, aconsejada por la jerarquía católica y por la embajada norteamericana en Managua. Incluso hubo fracciones en la UDEL que propusieron adoptar una política que recordaba la del Consejo Superior de la Iniciativa Privada (COSIP) y del Instituto Nicaragüense de Desarrollo (INDE), principales cúpulas empresariales del país, cuando en su primera Convención en marzo de 1974 se contentaron con demandas de reformas económicas. Denunciaban también, en términos corteses y sin que la sangre corra al río, la “competencia desleal” que les daba la camarilla somocista y su Guardia Nacional metidas a empresarios públicos, sobre todo desde que sacaron provecho del terremoto de Managua del 23 de diciembre 1972, entrando a saco en las tiendas y comercios deteriorados, acaparando las donaciones para su propio uso, especulando e inmiscuyéndose en sectores económicos como los bancos y lad inmobiliarias que hasta entonces habían sido coto reservado a la burguesía de vieja raigambre. Por lo demás, la Convención reconocía la legitimidad política del estado somocista, en primer lugar su rol necesario en el «mantenimiento del orden constitucional»[9]. Con lo cual aprobaban tácitamente las medidas represivas de la dictadura ya que les parecía una garantía frente à un Frente Sandinista cada vez más amenazante.

Tras  el triunfo de la revolución, los sandinistas trataron de fomentar una política de izquierda que en las condiciones de un país devastado implicaba una cohabitación “pacífica”, y en gran parte táctica, con una proliferación de partidos más o menos antisomocistas que iba desde el viejo partido Conservador, siempre espantado por una posible sovietización del país, hasta el Partido comunista de Nicaragua con su radicalismo ambiguo. De ahí la formación de la Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional en la que los  representantes de la burguesía nicaragüense se codeaban con las diversas tendencias del FSLN en el seno de las cuales se percibieron rápidamente diversas tensiones.

De hecho, no tardaron a surgir numerosos conflictos y disidencias, los cuales tomaron un giro dramático cuando en 1981 el prestigioso comandante Edén Pastora, que siempre había actuado al margen del FSLN, se unió a la lucha armada de los primeros “contras”, es decir, los contrarrevolucionarios que se habían concentrado en Costa Rica. Allí fundó la Alianza Revolucionaria Democrática (ARDE) y se reunió con Alfonso Robelo, vinculado a la patronal nicaragüense y jefe del Movimiento Democrático Nicaragüense (MDN), que hasta entonces había impulsado una línea reformista dentro del bloque burgués. Por otra parte, Violeta Chamorro, viuda de Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, que había integrado la Junta de Gobierno, dimitió el  26 de abril de 1980, 4 días después de que Robelo hiciera lo mismo, atemorizada por las tendencias marxistas-leninistas en el FSLN y la influencia de Cuba en el país.

Incluso en el Frente se podía percibir disensiones ocultas que remontaban a su división en tres tendencias en la época de su lucha contra la dictadura. Estos conflictos embrionarios afloraban como rescoldos dañinos bajo las manifestaciones de unanimidad. En particular los líderes de la tendencia “proletaria” del Frente (los “proles” izquierdistas, Jaime Wheelock Román, Luis Carrión, Carlos Núñez Téllez…) y algunos de la tendencia “guerra prolongada” (“comemonos ” como Henry Ruiz) habían participado, algo a regañadientes y a última hora, a la ofensiva final del FSLN que lanzó y organizó principalmente otra tendencia marxista –los “tercerista” o “terces” –, próxima a la revolución cubana (Daniel y Humberto Ortega, Tomás Borge, Bayardo Arce, Víctor Tirado López…). De ahí, en el seno mismo del FSLN, la presencia de rencores ocultos, latentes irritaciones que seguían ardiendo y que, a pesar de la aparente concordia política, nunca desaparecieron del todo. 

No ahondaremos en todas las peripecias de la historia de la década (1980-1990), en las vicisitudes de la victoria electoral de los sandinistas en 1984. Sólo nos limitaremos a lo esencial.

Primero, recordaremos la agresión norteamericana que, mediante el armamento ofrecido a los « contras » y a un gran número de mercenarios, causó 57.000 víctimas; incluyendo los muertos, los mutilados y los heridos de gravedad; a los que se deben añadir más de 300.000 mil personas desplazadas para una población que no alcanzaba siquiera los 4  millones de habitantes. El resultado fue la ruina del país que condujo en 1990 a la derrota electoral del bando revolucionario. Exhausta, una parte importante de las clases populares, a pesar de sus simpatías pro-sandinistas, pensaron que si votaran por los partidos burgueses, terminaría el acoso bélico sin piedad de los Estados Unidos y sus mercenarios somocistas que había acarreado miles de muertos y heridos, hambre; graves daños económicos y financieros.

Además se multiplicaron muchas otras factores de desestabilización :

– hostilidad feroz del empresariado y de la oligarquía nicaragüense que se agruparon en torno al Consejo Superior de la Empresa Privada (COSEP, heredero del COSIP)

– odio no menos sañudo de una jerarquía católica apegada a una ideología esencialmente retrógrada, estancada en unas doctrinas cavernícolas que entroncaban directamente con el Syllabus errorum (1864) de Pío IX,

– guerra de propaganda informativa antisandinista que entabló desde 1979 La Prensa, principal diario del país, cuyo relevo fue tomado por los medias del imperialismo occidental,

– acciones de los pastores moravos como Stedman Fagot Muller para que fracciones del pueblo miskito en la costa atlántica ingresaran en las filas de la “Contra”;

– creciente aislamiento del país debido a la desintegración del bloque socialista en Europa Oriental que inició la perestroika contrarrevolucionaria de Gorbatchev desde mediados del 80.

Hace falta también detenerse en la no desaparición después de 1979 de la ideología imperial fascista de la Vanguardista. Si bien muchos de sus miembros habían muerto, si bien un José Coronel Urtecho hizo una honrosa y conmovedora autocrítica de su actuación pasada, adhiriéndose sin reservas a la revolución sandinista[10], Pablo Antonio Cuadra, el principal líder vanguardista, mantuvo su odio hacia cualquier intento que pusiera en peligro el poder de la oligarquía y su sueño dorado de una restauración de los tiempos benditos de la colonia española.

Sus asaltos continuos y furibundos contra las orientaciones progresistas del Frente Sandinista tuvieron una gran influencia en los medios de la oposición burguesa, en especial a través de La Prensa Literaria de la que fue nombrado director por Violeta Chamorro. En realidad, aunque se distanció prudentemente del clan Somoza al comienzo de los años 50, Cuadra nunca abandonó hasta su muerte en 2002 la militancia a favor de un retorno a una sociedad conservadora, autoritaria, muy al estilo del fascismo franquista que tanto le entusiasmó en las décadas del 30 y del 40. Sus antiguas posiciones ultra reaccionarias nunca desaparecieron a pesar de presentarse bajo el nuevo “look” de un barniz democrático

Los escritos de Cuadra en 1984, cuando el líder sandinista Daniel Ortega fue elegido presidente, revelan una asombrosa cercanía a las concepciones políticas de la contrarrevolución somocista que Ronald Reagan armó y ayudó a partir de 1981. En ellos, Cuadra no disimulaba su preferencia por los golpes de Estado que han marcado la historia reciente de Nicaragua hasta el día de hoy. No vacilamos en afirmar que lo esencial de los argumentos de la galaxia antisandinista más reciente ya se encontraba en gran medida sus escritos y declaraciones tras la victoria del FSLN.

La profunda impronta reaccionaria que Cuadra dejó en los diferentes grupos antisandinistas podría ilustrarse con un texto, entre otros, titulado «Situación de la cultura», publicado en 1985[11].

«Situación de la cultura» acumula una serie de agravios y de descalificaciones hacia la revolución sandinista que la propaganda contra el gobierno de Daniel Ortega retomará, a menudo casi al pie de la letra, durante el fallido golpe de Estado de abril de 2018. En su panfleto, Cuadra elabora una acusación que apunta sobre todo a las tendencias marxistas del FSLN : una ideología que sería mortal para la cultura nicaragüense. Queriendo imponer la utopía de «las muy pobres ideas soviéticas», los “bolcheviques” sandinistas echarían a perder la concepción vanguardista de la “Tradición” que Cuadra presenta ahora bajo una luz “modernizada”, con una pirueta que no implica cualquier autocrítica sobre su pasado fascista. La “Tradición” del retorno a los valores de la colonia española en una versión falangista de los años 30-40 se ha convertido de repente en «una búsqueda constante de la democracia» a lo largo de la historia del país. Todo el pasado de Nicaragua, incluida la época colonial, habría sido impregnado de una aspiración democrática, aunque todavía en construcción. En cuanto al marxismo – el «monstruo más totalitario y opresivo de la historia» –, su ideología sería antinacional, incompatible con la esencia cultural de Nicaragua. Brutalmente aplicado por el Frente Sandinista, sólo habría conducido a un fracaso, que también sería consustancial a los malditos bolcheviques. Cuadra entrega una enésima versión de “la culpa a Marx y Lenin” para resumir el vía crucis que el diario La Prensa habría sufrido, pese a que dicho diario siempre pudo seguir funcionando sin mayores obstáculos como el principal portavoz de la oligarquía más rancia y de la injerencia estadounidense. El antiguo líder de la Vanguardia somocista no se olvidaba de condenar, sin matices, al Frente Sandinista en sus enfrentamientos con ciertas comunidades indígenas de la costa este (Miskitos), silenciando el rol manipulador de los EEUU y el de sus secuaces en la región, relacionados, los más, con la “contra”.

En Cuadra, la herencia falangista, nunca francamente denunciada, apenas se enmascara en la forma renovada de la narrativa anticomunista en la época de la Guerra Fría: la revolución de 1979 habría sido desviada de un camino reformista-liberal respetuoso de los intereses de los terratenientes y de la oligarquía (única vía “revolucionaria” tolerable según Cuadra). El FSLN la habría secuestrado y habría traicionado al pueblo nicaragüense ejerciendo el poder “con los cuchillos entre los dientes”, la censura, la tortura etc.

Para sentar en el banquillo de los acusados al “sovietismo sandinista”, culpable de atentar contra la “Tradición” de la cultura nicaragüense, el autor recurre a un revoltijo de autores prestigiosos que sufren la mala suerte de ser convocados a modo de testigos de cargo post mortem : Aristófanes, Safo, Hegel, Orwell…, el Libertador Simón Bolívar, las grandes figuras de la literatura iberoamericana como Rubén Darío o el español Ramón del Valle Inclán. Cuadra, en su odio hacia el FSLN, llega hasta a reclutar, a la fuerza, a Gabriel García Márquez y Julio Cortázar (!), y eso contra todos los testimonios y las mismas declaraciones de estos novelistas.

No cabe duda que la cruzada antisandinista de Cuadra, vino a reforzar las guerras ideológicas que emprendió La Prensa, en cuyo suplemento cultural Cuadra ejerció su magisterio a partir de 1976. Sus escritos ideológicos alimentaron asimismo los procesos inquisitoriales anti-frentistas que encabezó el ultramontanismo rancio del catolicismo nicaragüense (la corriente minoritaria de la teología de la liberación fue rápidamente metida en cintura).

En esa lucha por la hegemonía cultural (Gramsci), también, participaron las grandes familias oligárquicas. Después de la opción del FSLN por una economía mixta desde 1979, estas castas extendidas organizadas en grupos de linaje de carácter endogámico (familias notables de los Chamorro, Lacayo, Bolaños, Cuadra, Pellas, Cardenal, Guzmán, Zavala…)[12] siguieron controlando una fracción importante de la economía nicaragüense sin renunciar a desempeñar un rol político relevante. En realidad, esta burguesía jugó con dos barajas : se aprovechó del relativo espacio de libertad económica y política que le dio la revolución y, al mismo tiempo, puso en pie de guerra sus redes de solidaridades, lealtades e intereses para ejercer un verdadero sabotaje de las medidas que tomó el gobierno sandinista a favor de una mayor socialización de las estructuras económicas.

IV. La derrota de 1990. El FSLN y la necesidad de seguir existiendo

Con la guerra mercenaria de los “contras”, todos estos factores y fuerzas contribuyeron a la derrota del Frente en 1990 y a la victoria de la candidata de la oposición, Violeta Chamorro que encabezaba la más potente red burguesa de Nicaragua. Todo parecía indicar entonces que la Revolución Sandinista había fracasado y que se iniciaba un período de reacción despiadada.

Efectivamente, siguieron 16 años de feroz neoliberalismo, trayendo literalmente a los nicaragüenses más pobres de vuelta a la era de la conquista. Al llegar a la presidencia Violeta Chamorro, Nicaragua contaba con más de 300 empresas públicas :

entre ellas complejos industriales, ingenios azucareros, proyectos lecheros, línea aérea, flota pesquera, un ferrocarril-, que era el mayor patrimonio nacional jamás recibido por un Gobierno en la historia del país. En 1993 no quedaba ni patrimonio ni empresas. El Gobierno de Violeta Chamorro había vendido a precio de saldo absolutamente todo en una rapiña obscena que desmanteló Nicaragua»[13]

En las filas sandinistas, después del estupor inmenso al enterarse del fracaso de Daniel Ortega en las elecciones presidenciales, empezaron a perfilarse entre 1994 y 1997 nuevos tipos de disidencias. Muchos fueron los líderes y altos funcionarios sandinistas que intentaron reemplazar los compromisos socialistas del sandinismo por unas reorientaciones contrarrevolucionarias que frecuentemente ostentaban etiquetas vagamente social-demócratas.

Entre éstos había varios comandantes de la revolución de 1979 que encabezaron las tendencias minoritarias (“proles”, “comemonos”) en la lucha contra el somocismo y que habían manifestado reticencias frente a las relaciones que los “terceristas” establecieron con el campo socialista y la revolución cubana. Aún cuando aceptaron formar parte de la Dirección Nacional Conjunta (DNC) que unificó las tres tendencias en marzo de 1979, aún cuando ejercieron, tras la victoria, altos cargos en el gobierno revolucionario, algunos de estos líderes todavía no habían abandonado su animadversión hacia el campo “tercerista” que había constituido el grueso de las fuerzas que derribaron la dictadura y cuyos comandantes – Daniel Ortega y Tomás Borge…– ocuparon después los puestos más importantes en el aparato estatal entre 1984 y 1990.

Es así como antiguas figuras políticas de primer plano del FSLN como Jaime Wheelock Román, que fungió como ministro de agricultura y reforma agraria o Sergio Ramírez, ex vicepresidente del Gobierno Sandinista hasta 1990, se convirtieron de repente en rabiosos activistas antisandinistas, grandes admiradores del neofascismo de Mario Vargas Llosa, de la sedicente “democracia” norteamericana o de Violeta Chamorro –»que hizo un papel muy decente» (dixit Whhelock Román)[14]. Ya en 1990, éste se matriculó en la Universidad de Oxford para estudiar administración pública y, renegando de su pasado sandinista, pasó a ejercer la presidencia del Instituto para el Desarrollo y la Democracia (IPADE), estrechamente controlado por fondos provenientes de los USA y de la UE[15].

En 1995, fue Sergio Ramírez quién renunció al FSLN y fundó el Movimiento de Renovación Sandinista (MRS) que desde entonces hasta hoy ha tenido una representación electoral marginal (00,40% en las elecciones generales de 1996, 6,44% en las de 2006, frente a los 37;83% y 38, 07% del FSLN de Daniel Ortega). Ocultando mal su carácter derechista y proyankie, desde posiciones seudo-izquierdistas, el MRS recibió números apoyos de ex sandinistas arrepentidos (altos mandos como Dora María Téllez, Mónica Baltodano, Víctor Hugo Tinoco, Henry Ruiz, o literatos como el poeta monje Ernesto Cardenal, la novelista Gioconda Belli, …)[16]. El movimiento estableció también relaciones estrechas con varios grupos oligárquicos y hasta con los servicios estadounidenses especializados en las operaciones de desestabilizaciones políticas propias de las guerras de baja intensidad [17].

Entre los dirigentes que propusieron la disolución del FSLN, los había que provenían de las grandes familias oligárquicas que aprovecharon la derrota del movimiento en 1990 para formar filas en campo anti-sandinista. Ya se sabe que a las clases dominantes, frente a una situación que amenaza echar abajo su poder, no les gusta jugárselo todo a una carta. Tener un retoño o un pariente en el campo adverso constituye una garantía para que a pesar de los cambios todo siga igual según lo explica Tancredi a su tío, el príncipe don Fabrizio en El Gatopardo de Giuseppe Tomasi di Lampedusa.

Un ejemplo modélico de esta “reorientación” antisandinista lo ofrece Luis Carrión Cruz, antiguo miembro de la Dirección Nacional Sandinista pero también hijo de Luis Carrión Montoya, uno de los jefes del grupo financiero BANIC que había colaborado con el régimen de Somoza. Caso típico de la oveja descarriada que vuelve al redil, Luis Carrión Cruz, empezó una nueva carrera política y económica como dirigente del MRS, fundado con Sergio Ramírez[18] .

Muchas personalidades de los medios literarios-culturales tomaron pretexto de la derrota de Ortega para abandonar el navío sandinista en la tempestad. El FSLN parecía estar abocado a desaparecer, lo que implicaba el riesgo de compartir el mismo destino a nivel cultural. La fuga de esta intelligentsia fue un “Sálvese quien pueda” que llevó a una adhesión sin reservas a la agenda occidental de la social-democracia neoliberal (poetas como Ernesto Cardenal, Michel Najlis, o cantantes como Carlos Mejía Godoy, …).

Entre estos disidentes culturales que más ocupan la primera plana de los medias y de las agendas académicas occidentales se destaca la novelista Gioconda Belli : una mujer que simboliza la quintaesencia del cambio de chaqueta que se produjo en las filas del FSLN después de 1990. Hija del poderoso empresario Humberto Belli Zapata, Gioconda Belli fue educada en los mejores institutos de Nicaragua y España. Terminó sus estudios en los EEUU en el Charles Marcus Price College, con un diploma de publicidad y periodismo. Después de trabajar algún tiempo en agencias publicitarias, ingresó en las filas de la tendencia GPP del FSLN con su compañero Henry Ruiz. Huelga decir que ambos siempre fueron críticos virulentos de la tendencia tercerista, antes y después de 1979.

Su militancia en este grupo parece haberse limitado a cuidar las relaciones públicas, recoger fondos para esta tendencia (lo del transporte de armas tiene todas las trazas de ser una leyenda) y escribir poesía comprometida (Línea de fuego, 1978). Tras la revolución, Gioconda Belli ocupó diversos cargos de propaganda para el gobierno revolucionario y se desempeñó como portavoz del FSLN en 1984. Decepcionada de no haber obtenido una alta posición oficial en el gobierno de Daniel Ortega, abandonó todas sus funciones oficiales en 1986 y se dedicó a escribir novelas. En éstas, la mezcla de realismo maravilloso de segunda mano y de temáticas feministas destinadas a congraciarse con los feminismos burgueses de occidente sirven de coartada para un discurso hostil al FSLN y a cualquier movimiento revolucionario o progresista latinoamericano.

A partir de entonces, y en particular del retorno al poder de Daniel Ortega en 2006, Belli no cesa de abogar por un mundo dominado por el neoliberalismo y el imperialismo. Al mismo tiempo se esfuerza por dar vida al PIE (Partido de la Izquierda Erótica) : un misterioso y grotesco grupúsculo anti-frentista fundado en 1986 con otras mujeres pero que no parece haber salido mucho del territorio puramente literario de su novela El país de las mujeres (2010). Aprovechando la erupción del volcán de Faguas (=Nicaragua) que hiciera bajar el nivel de testosterona en los hombres, el texto hace el elogio del poder erótico de las mujeres, fuera du cualquier consideración de clase social. En el estado que ellas gobiernan, el sexo masculino ha sido relegado a las funciones secundarias del hogar. Así se instaura el régimen apolítico del “felicismo” que reemplaza la lucha de clases y la resistencia al imperialismo por la consabida guerra de los sexos al estilo norteamericano.

Para esta mujer, cuya vida de “jet set” se divide entre un espléndido apartamento californiano y breves estancias en Nicaragua, la recompensa ha sido inmediata. Sus novelas salen al mercado español, europeo o norteamericano con enormes tiradas. Los premios literarios abundan. Es la ninfa Egeria preferida de los medias occidentales para todo lo que puede demonizar al FSLN y sus declaraciones se convierten en palabras de un nuevo evangelio. Se pierde la cuenta de sus entrevistas complacientes, siempre en forma de panegírico, otorgadas no sólo a los medias más reaccionarios (El País en España, por ejemplo) sino además a una seudo izquierda conversa a la derecha[19]. En ellas, Belli no cesa de mezclar una propaganda furibunda contra el Frente sandinista, un feminismo exacerbado y contrarrevolucionario made in USA, alabanzas a Angela Merkel, a Hilary Clinton y al régimen político norteamericano. Su anticomunismo exacerbado – que no le va a la zaga del de su hermano Humberto Belli Pereira, miembro de la Opus Dei y ex ministro de la educación de Violeta Chamorro – la lleva a rechazar cualquier gobierno progresista o revolucionario. Tanto es así que para ella toda la izquierda latinoamericana (Cuba, Bolivia, Nicaragua…) no habría hecho hasta hoy sino reprimir a los opositores, silenciar medios de comunicación, «con el único objetivo [de] perpetuarse en el poder». Y si « la extrema derecha ha ascendido en América Latina, como Jair Bolsonaro en Brasil», la culpa la tienen movimientos como el Partido de los Trabajadores (Dilma Roussef, Lula…)[20] Incluso no vacila en justificar la colaboración criminal de la CIA y del Departamento de Estado con la “Contra” ya que lo aprobó el Congreso de los EEUU, habiéndose desarrollado así dentro de la legalidad (!) [21]. Últimamente le ha dado por indagar en sus raíces y exhibir una biografía con ínfulas aristocráticas : su familia entroncaría con el duque Charles de Choiseul-Praslin (1805-1847), su tatarabuelo, famoso en Francia durante la monarquía de Julio por haber asesinado a cuchillazos a su mujer y que después, según la leyenda, habría huido a Nicaragua.

Al fin de los años 90, tales mutaciones, mejor dicho traiciones, supuestamente renovadoras, fueron antagonizadas victoriosamente por la corriente antiimperialista y marxista que dirigían los comandantes Daniel Ortega y Tomás Borge. Desde entonces una enorme maquinaria propagandística empezó a atribuírseles cualquier tipo de acusaciones de “caudillismo”, “autoritarismo” o “privatización » del Frente sandinista.

Las campañas de denigración alcanzaron a Rosario Murillo, la esposa de Daniel Ortega – poetisa y militante sandinista pero figura polémica, por su conversión a un catolicismo de raigambre popular. Un clímax sobrevino cuando Zoilamérica Narváez Murillo presentó denuncias de abuso sexual e incesto contra Ortega, su padrastro. Se trató de una operación clásica de las guerras de baja intensidad del imperialismo que consiste en desestabilizar a un político que no cumple con los objetivos neocoloniales del imperialismo, aprovechando desavenencias dentro de su familia o bien manipulando, mediante técnicas sofisticadas de lavado de cerebro, personas de sicología y situación familiar frágiles para que terminen persuadiéndose, quizá de buena fe, de la realidad de una narrativa construida con fines políticos.

Unos de los agravantes más repetidos fueron también las alianzas que Ortega firmó con la derecha para recuperar el poder. Mientras Estados Unidos y sus aliados locales pretendían “desandinizar” definitivamente el país, el FSLN, acorralado y amenazado de desaparición, haciendo de tripas corazón, encontró la salvación gracias a un “pacto” con el Partido Liberal Conservador (PLC) del presidente Arnoldo Alemán, corrupto y de tendencia ultra-liberal, pero no más ni menos que todos los partidos burgueses de Nicaragua con los que la oposición no ve obstáculos para establecer alianzas. A la fuerza ahorcan! En una conversación con Maurice Lemoine, el sociólogo sandinista Orlando Núñez ha presentado perfectamente la situación : 

En el Parlamento, éramos minoría. Sin embargo, por nuestra influencia en la gente, nuestros rivales tenían la clara voluntad y el poder de destruirnos. Si no hubiéramos hecho alianzas, habríamos corrido el riesgo de desaparecer. El método no nos complacía especialmente, pero era una cuestión de relación de fuerzas : para poder convencer a la gente de que un día volviera a darnos la mayoría, era imperativo que siguiéramos existiendo[22].

El pacto con esta presidencia que dirigió el país entre 1997 y 2001 es todavía motivo de vehementes críticas. La «demonización y la deslegitimación del Frente» (Orlando Núñez) se desencadenó en  los medias occidentales al apoyar los EEUU en sus cruzadas contra el “eje del mal” (Cuba, Venezuela y Nicaragua) y también en el país por parte de los mismos que, dándoselas de defensores de la herencia de Sandino y de la revolución sandinista, se han entregado de hecho a los brazos del peor de los neoliberalismo y de su propaganda imperial (Henri Ruiz, Dora María Téllez, Mónica Baltodano o Sergio Ramírez y Gioconda Belli, ya citados). Una “disidencia” que actúa bajo varios disfraces y coartadas como unos pretendidos combates pro-democracia, defensas de los derechos del hombre, preocupaciones ecologistas, feministas…

Como lo explica Orlando Núñez, al negociar con esta parte de la derecha y ofrecer a la empresa privada el regalo de la estabilidad política, el Frente pudo conservar una influencia significativa en el ejército, la policía y los sindicatos. Con esta concesión y otras de tipo electoral se salvaguardó lo esencial de las fuerzas del partido, a la espera de días mejores. De lo contrario, el movimiento simplemente habría desaparecido, para gran satisfacción de Washington y sus aliados neoliberales. Orlando Núñez habla también de un «“pragmatismo” contra natura» que «permitió sobrevivir al FSLN»[23]

Por otra parte, cuando Ortega retomó la presidencia en enero de 2007, los sandinistas pudieron poner un freno a las maniobras ocultas que llevaba a cabo el Departamento de Estado norteamericano a través de la Fundación para la Democracia (National Endowment for Democracy, NED) o de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional, la USAID.

Fue posible así limitar y dar a conocer el control que tales caballos de Troya ejercían sobre varios grupos de la llamada “sociedad civil” : un enjambre de ONGs derecho-humanistas, ambientalistas, feministas, organizaciones estudiantiles, iglesias bautistas, grupos evangélicos…  Además, el nivel de vida de las clases no burguesas se mejoró de manera significativa. Se realizaron importantes reformas que permitieron a la población disponer de un mayor acceso a los servicios sociales en las áreas de salud, educación, seguridad social, vivienda y muchos derechos ignorados durante los dieciséis años del neoliberalismo. Habría que mencionar también un descenso importante de la violencia y una muy honorable tasa de equidad de género que sitúa Nicaragua entre los países con menores niveles de agresiones y actos criminales contra las mujeres[24]. A nivel internacional, el país se benefició del restablecimiento de las relaciones con Cuba, Venezuela, de la adhesión de Nicaragua al tratado de Comercio del ALBA que fundaron Hugo Chávez y Fidel Castro y de la reorientación política y comercial hacia Rusia y China. 

Ahora bien, el sandinismo tuvo que pagar un precio para su retorno al poder. Primero establecer una alianza con la jerarquía católica que significó, entre otras cosas, aceptar la prohibición del aborto, incluso el aborto terapéutico. Oponerse a ella hubiera sido considerado como un casus belli por la Iglesia y las sectas protestantes, con la decisiva influencia que ejercen sobre fracciones importantes de la población. Una opción pro-aborto que ignorara que «una opinión mayoritaria de los nicaragüenses está en contra del aborto»[25] hubiera significado el riesgo de encender otra vez sangrientos enfrentamientos en un país ya duramente martirizado por la guerra neocolonialista de los “Contras” y 17 años de devastación neoliberal. La hipocresía y la duplicidad de las oposiciones neo-liberales en Nicaragua que ponen el grito en el cielo a propósito de esta prohibición salta a la vista cuando se ve que no vacilan en trabar alianzas anti-sandinistas con una mayoría de obispos adversarios encarnizados no sólo del aborto sino también de los métodos anticonceptivos que el gobierno de Daniel Ortega pone gratuitamente a disposición de las mujeres en los centros de salud. Además, «sin minimizar el problema, el gobierno no busca particularmente hacer que se cumpla la ley : en los hospitales, si la vida de una mujer embarazada está en peligro, el comité médico generalmente toma la decisión correcta, sin pedir autorización » (Maurice Lemoine)[26]

Una necesidad similar explica por qué los sandinistas, mal de su grado, dejaron a los patronos de las empresas privadas un espacio limitado de libertad. Las críticas que estos arreglos desencadenaron en los círculos antisandinistas no son aquí de referir en su totalidad. «Ortega habría traicionado sus ideales, habría arruinado el alma de la revolución y del socialismo  etc.». Sin embargo, los denunciantes son los mismos antiguos izquierdistas arrepentidos que ahora suelen cantar las abalanzas de un Barack Obama o de una Hilary Clinton. Son las mismas almas falsamente cándidas que celebran las virtudes de un capitalismo que funcionaría como un “baluarte esencial contra los totalitarismos” (Fidel Castro, Daniel Ortega, Hugo Chávez, Evo Morales,  Rafael Correa) y que lo ensalzan desde las páginas de esos famosos parangones de la democracia que son La Prensa de Managua, CNN, la BBC, RFI, France Culture (alias “France Kultur”), France Inter (alias “France Enfer”), El País, ABC, el Guardián, el Washington Post, Le Monde, Libération, La Croix

A esos centros de desinformación no les importan las contradicciones cuando les conviene. Tan pronto denuncian el totalitarismo soviético del FSLN («Stalinismo trópical» ) como deploran que los sandinistas hayan abandonado una vía revolucionaria sembrada de pétalos de rosa. Transfigurándose y enmascarándose, esos paniaguados del capitalismo más salvaje adoptan posturas seudo progresistas para lamentar que el FSLN diera demasiada libertad al sector empresarial y a las grandes instituciones financieras internacionales (FMI, Banco Mundial…). El analfabetismo histórico y político de esos tartufos finge ignorar que  el Frente, en las condiciones muy difíciles del mundo actual, después de la dislocación del campo socialista, en un país sometido al bloqueo, a las sanciones y a la guerra no declarada de los EEUU, no puede permitirse el lujo del absoluto desastre socio-económico que significaría romper definitivamente con aquellas instituciones y el empresariado local, aunque el mismo Frente Sandinista hace todo lo posible para limitar su impacto negativo.

En realidad y guardando las debidas proporciones, se conoce que Daniel Ortega y su partidarios no hacen sino seguir el ejemplo – mutatis mutandi – de la Nueva Política Económica, que los Bolcheviques tuvieron que adoptar en 1921 para salvar la actividad económica de la Unión Soviética que la contrarrevolución de los blancos y las invasiones occidentales habían destruido. De ahí una NEP que suponía un restablecimiento controlado del capitalismo a principios de los años veinte. Otro ejemplo, con características propias y en una escala mayor que no tiene punto de comparación, sería el de la China de hoy. 

V: el golpe de abril 2018

La realidad última es la del imperio Estadounidense y sus innumerables quintas columnas que en ningún momento aceptaron el restablecimiento de la soberanía nicaragüense, aunque incompleto y frágil, que significaron las reelecciones de Daniel Ortega y los éxitos electorales de los sandinistas en 2006, 20011 y 2016. El último episodio de esta guerra continua contra la independencia nicaragüense fueron las “protestas” de abril del 2018 cuando, tras una reforma de la seguridad social, motivada por un importante déficit, la oposición antisandinista organizó manifestaciones diarias destinadas a promover un golpe de Estado y el establecimiento de una nueva política neoliberal.

Para respaldar la situación de los servicios médicos y el pago de las pensiones, la reforma aumentaba las cotizaciones de los empresarios y, en una proporción mucho menor, la de los trabajadores. Además se preveía una contribución especial del cinco por ciento sobre las pensiones. Es importante destacar que poco antes, Ortega había rechazado las recomendaciones, casi órdenes, del Fondo Monetario Internacional para retrasar la edad de jubilación y para prolongar el periodo de cotización que se exigiría para los futuros jubilados. 

Dichas reformas fueron a no dudarlo un error de los sandinistas, que Daniel Ortega rectificó muy pronto anulándolas. Pero, los neoliberales y neofascistas aprovecharon la ocasión para tratar de derribar de una vez para siempre al Frente. El periódico conservador La Prensa, la empresa privada, los nostálgicos del somocismo, los obispos católicos, los partidos conservadores o (neo)liberales, el conjunto de las organizaciones civiles hostiles al socialismo sandinista y, al fin, casi todos los medias occidentales…, todos repitieron las acusaciones de rigor : las de corrupción estatal y de violencia dictatorial, sobre todo cuando se produjeron los primeros enfrentamientos entre la policía y los manifestantes que solían tener armas letales, gasolina incendiaria, morteros caseros, pistolas…

Obedeciendo a consignas emanadas de los EEUU (Departamento de Estado, NED, USAID …), las acciones subversivas las iniciaron los estudiantes de la Universidad Centroamericana (jesuita) y de la Universidad Politécnica de Nicaragua (bautista) que “en solidaridad con sus mayores”, agruparon miles de manifestantes. Rápidamente, las “protestas” se tornaron violentas. Hubo incendios de tiendas y supermercados. Muchos tranques, esto es bloqueos de calles y carreteras, se convirtieron en trampas mortales para los coches, los camiones o los transeúntes que se negaban a bailar al son que se tocaba ahí y aullar con los lobos  Se cometieron actos vandálicos y a veces mortíferos contra los locales del Frente Sandinista y sus militantes.

De ahí, las medidas para acabar con golpe contrarrevolucionario. Los militantes sandinistas se movilizaron. La policía antidisturbios tuvo que enfrentarse con los golpistas y su extrema violencia. Como era de esperar, los antisandinistas organizaron una guerra de la (des)información, apresurándose para acusar a las autoridades legítimas de los más horrendos crímenes. Algunos llegaron hasta a hablar de “genocidio” (!!!) sin tener en cuenta las numerosas agresiones  de que fueron víctimas los que seguían fieles a los ideales sandinistas mantenidos en lo esencial por el gobierno de Daniel Ortega en medio de innumerables dificultades.

Casi todos los grupos nicaragüenses contrarrevolucionarios disfrazados de defensores de los derechos humanos, grupos financiados y controladas por la NED estadounidense y sus aliados locales –como el MRS o la fundación Hagamos Democracia, cuyo título constituye de por sí una broma pesada –, participaron de esta caza de brujas. Se trataba de instalar un nuevo macartismo que criminalizaría a los que se negaban a una nueva colonización por los “gringos” con la ayuda de sus acólitos en el país.

De nuevo y sin sorpresa, recibieron refuerzos no sólo de la oligarquía nicaragüense y de antiguos comandantes disidentes y renegados del FSLN sino además de varias organizaciones internacionales de derechos humanos como Amnistía Internacional o Human Right Watch, lobos vestidos de ovejas cuyas relaciones con el imperialismo no necesitan ser demostradas. A ellos se unieron los diferentes horizontes de la falsa izquierda del “mundo libre” (trotskistas, ambientalistas, feministas…), gran parte del mundillo académico, de la “intelligentsia” occidental, y, claro, del inmenso aparato mediático que dirige a nivel mundial el neo fascismo imperialista. Entre los que apoyaron a los golpistas, no se debe tampoco poner en entredicho la actuación infame del secretario general de la OEA, el uruguayo Luis Almagro, quien está totalmente subordinado al Departamento de Estado de Estados Unidos.

Después de varias semanas de violencias, resultó evidente que el golpe había fracasado. Para disimular su derrota, los partidos de la derecha, y de la ultraderecha, la clase empresarial, los organismos de derechos del hombre (made un USA), los medias dominantes, tanto en Nicaragua como en Norteamérica y en Europa, se dieron prisa para presentar balances de más de centenares de víctimas a raíz del golpe de abril de 2018 pero que excluían sistemáticamente los casos de funcionarios o de militantes sandinistas asesinados.

Como resulta de una encuesta minuciosa que realizó Enrique Hendrix, titulada «Monopolio de la Muerte o de cómo inflar una lista de muertos contra un Gobierno»[27] todos esos balances a cual más inflacionistas fueron  intencionalmente falseados o tergiversados.  Además «se invisibilizó la activa y agresiva participación del Episcopado y de sacerdotes e iglesias católicas en actos vandálicos: iglesias usadas como arsenales, obispos y curas arengando a la rebelión y a la muerte desde los púlpitos»[28]. Fracciones importantes de la iglesia nicaragüense, echaron por la borda el mensaje de paz evangélico para pisar los pasos de la Vanguardia somocista de entreguerras y retomar la herencia fascista de Pablo Antonio Cuadra . Un Silvio Báez, obispo auxiliar de Managua  o un Abelardo Mata, obispo de la diócesis de Estelí no vacilaron en incitar a las peores violencias contra el gobierno legítimo de Daniel Ortega, apelando a la injerencia directa de los EEUU en el país. En un tweet del 31 de mayo de 2018, otro cura “de choque” y de “armas tomar”, Rolando José Álvarez el obispo de Matagalpa, presentaba la tentativa golpista antisandinista en un estilo que no tenía nada que envidiar al de los tiempos de la más férrea inquisición o de los fascistas eclesiásticos de la época del franquismo : « Nuestra lucha no es contra fuerzas humanas. Es contra las fuerzas del mal. Vete Satanás a los abismos infernales donde es tu lugar. Viva Cristo Rey» (!)[29].

Conclusión

Las cinco etapas en la historia de Nicaragua que intentamos presentar merecerían más precisiones, complementos, desarrollos. Pensamos, sin embargo, que bastan para entender que en Nicaragua al igual que en otros países de América Latina, la cuestión de la independencia y de la soberanía no es cosa del pasado sino un proceso patriótico siempre amenazado, un avance histórico que el imperialismo trata de detener mediante incesantes injerencias directas o indirectas, como se vio de nuevo en el intento reciente de golpe fascista en Venezuela a comienzos de 2019. Y es en este sentido que los patriotas nicaragüenses podrían hacer suyo la frase célebre de Fidel Castro :  » Patria o muerte ».  


[1] El Tiempo (Buenos Aires), 20 de mayo 1898; también in : Rubén Darío, El modernismo y otros ensayos, ed. Iris M. Zavala, Madrid, Alianza Editorial, 1989, p. 161-166.

[2] Rubén Darío, Textos socio-políticos, ed. de Jorge Eduardo Arellano y Pablo Kraudy Medina, Managua, Banco Central de Nicaragua, 2010, p. 5.

[3] Informe del Ministerio de Educación de Nicaragua para la segunda reunión del Comité Intergubernamental del Proyecto de Educación para América Latina y el Caribe, celebrada con el apoyo de la UNESCO en Bogotá del 25 al 28 de marzo de 1987.

[4] In Rubén Darío, Tantos vigores dispersos (Ideas sociales y políticas). Sel. y notas de Jorge Eduardo Arellano, Managua, Consejo Nacional de Cultura, 1983 [1a ed. 1980], 139 p. Existe también una traducción de la “Refutación” de José Santos Zelaya publicada en 1911 en Paris (ed. Waltener, 15 p.)

[5] Ver al respecto Daniel Vives Simorra, «Hispanité et discours anti-indépendantiste dans l’avant-garde nicaraguayenne. / Hispanidad y discurso anti-independentista en la vanguardia nicaragüense», Les indépendances de l’Amérique latine : acteurs, représentations, écritures, vol. 2, Paris, éd. América. Cahiers du CRICCAL (Univ. Pari III), 2012, nº42 p. 85-93.

[6] Véase Mario Samper, «Los paisajes sociales del café. Reflexiones comparadas», Caravelle. Cahiers du monde hispanique et luso-brésilien, année 1993, nº 61 p. 56.

[7] Citado por A. J. Gutiérrez Martín, «¿ La Hispanidad en el Banquillo ?», Signo (Revista de la Juventud de Acción Católica), Madrid, 4 de enero de 1941, reimpreso por el militante monárquico español Eugenio Vegas Latapie, en La frustración en la Victoria, memorias políticas 1938-1942, Madrid 1995, Actas, ed. p. 489. Disponible en : http://www.filosofia.org/hem/194/1941a04.htm

[8] Pablo Antonio Cuadra, «Dos perspectivas», El Correo (Granada, Nicaragua), 28 de junio de 1931, citado por Hugo J. Verani, Las vanguardias literarias en Hispanoamérica (Manifiestos, proclamas y otros escritos), Roma, Bulzoni, 1986, p. 165.

[9] Véase Carlos M. Vilas, Perfiles de la revolución sandinista, Buenos Aires, ed. Legasa, 3ª ed., 1987, p. 179-180.

[10] «No volverá el pasado», Casa de las Américas (La Habana), n°121, jul.-aug. 1980, p. 93-96. «Paneles de infierno», Nicaraúac (1), mayo.-jul. 1980. «Conversación con Carlos», Casa de las Américas, n°157, jul.-aug. 1986, p. 46-55. «Un embolismo. Sobre haber conocido a Haydée Santamaría», ibid., n°161, 1987, p. 80-95.

[11] In Enrique Bolaños, Pablo Antonio Cuadra, Roberto Cardenal Chamorro et al, 1984 Nicaragua, San José, ed. Asociación Libro Libre, 1985, p. 237-256 [el libro fue publicado bajo los auspicios del Centro de Investigaciones y Adiestramiento Político-Administrativo, CIAPA (CIA-PA para los Sandinistas). El coordinador era Enrique Bolaños, futuro Presidente de Nicaragua (2002-2007) quien, en ese entonces, era Presidente de la Cámara Patronal de COSEP y estaba liderando una campaña despiadada contra el Frente Sandinista].

[12] «El sandinismo estableció alianzas con

[las]

estructura[s] del poder tradicional; no por la vía del matrimonio, ya que las familias tradicionales se comportaron siempre como grupos cuasi endogámicos, sino abriéndoles el camino para el regreso a la función pública en el escenario montado tras la caída del somocismo», Carlos M. Vilas, «Asuntos de familia: clases, linajes y política en la Nicaragua contemporánea», Desarrollo Económico, Vol. 32, No. 127 (Oct. – Dec., 1992), p. 423.

[13] Benjamin Forcano, «¿Fraude en las elecciones de Nicaragua?», El País, 10 de diciembre de 2008

[14] Entrevista del 9 de agosto 2018 de Wheelock Román : https://confidencial.com.ni/wheelock-ortega-tiene-la-opcion-de-renunciar/. El principal portal electrónico de la oposición antisandinista El Confidencial apoya la política de la derecha neoliberal y conservadora. Lo dirige Carlos Fernando Chamorro – hijo de Violeta Chamorro y antiguo director de Barricada que decidió también chaquetear– al mismo tiempo que CINCO (Centro para la información y la comunicación). En 2017, Confidencial recibió 175.000 $ de la Open Society de Georges Soros (The 2017 Central America Philanthropy Guide, https://cadonorsforum.org/wp-content/uploads/2017/11/CADFGuide_WEB.pdf). CINCO recibe fondos de la USAID y de su programa CamTransparencia manejado por una sucursal de la multinacional paramilitar US DynCorp. Sobre esos financiamientos de la oposición por las agencias de inteligencia US ver https://communismeinfos.org/2019/09/26/jorge-capelan-sopa-de-siglas-y-dolares-para-la-subversion-antisandinista/

[15] Ver http://www.radiolaprimerisima.com/noticias/general/258984/eeuu-entrego-a-wheelock-800-mil-dolares-anuales/

[16] Sobre el MRS ver el excelente análisis de Maurice Lemoine «Le Nicaragua sous dictature… du double standard et du copier-coller», Mémoire des Luttes, [29-11-2016], http://www.medelu.org/Le-Nicaragua-sous-dictature-du.

[17] Sobre las relaciones entre el MRS y organismos norteamericanos como la USAID, la NED (National Endowment for Democracy), el IRI (International Republican Institute) etc. ver por ejemplo las abrumadoras pruebas recolectadas por Max Blumenthal en «How an American anthropologist tied to U.S. regime-change proxies became the MSM’s man in Nicaragua», https://mronline.org/2018/09/27/how-an-american-anthropologist-tied-to-u-s-regime-change-proxies-became-the-msms-man-in-nicaragua/.

Ver también el cable de la embajada US que da cuenta de cómo Herty Lewites, candidato del MRS en las elecciones de 2006, firmó un verdadero contrato de vasallaje con los EEUU para que éstos favorecieran su campaña. El cable fue filtrado por Wikileaks (https://wikileaks.org/plusd/cables/06MANAGUA251_a.html)

[18] «Otra importante red familiar de gran tradición y que ha permanecido en el poder desde su llegada a Nicaragua en el siglo XVI, es la familia Carrión. Carlos Vilas, en «Asuntos de familia: clases, linajes y política en Nicaragua moderna» op. cit., relata cómo esta familia ha ejercido su hegemonía a través de los siglos, y cómo durante el gobierno de los sandinistas se mantuvo en el poder a través de uno de los nueve comandantes, Luis Carrión Cruz, y de familiares de éste que ocuparon cargos de relevancia durante la década de los ochenta», Marta Elena Casaús Arzu, «La metamorfosis de las oligarquías centroamericanas», Revista Mexicana de Sociología, Vol. 54, No. 3 (Jul. – Sep., 1992), p. 86.

[19] Ver el interview vergonzosamente servicial y obsequioso de Gioconda Belli por Pablo Iglesias, el líder español de Podemos : https://youtu.be/t8M6Dtf33s4

[20] «Gioconda Belli: “La izquierda sufre una crisis de imaginación”«, [entrevista], http://www.colofonrevistaliteraria.com/2516-2/

[21] https://www.elnuevodiario.com.ni/blogs/articulo/156-que-le-caiga-guante-que-se-plante/

[22] Citado en Maurice Lemoine, «En Nicaragua se arraiga una izquierda desgastada», Le monde diplomatique en español, junio de 2012 (http://www.medelu.org/En-Nicaragua-se-arraiga-una)

[23] Ibid.

[24] Cf. Heidrun Zinecker, «El bajo índice de violencia en Nicaragua: ¿Mito o realidad?», ed. Heinrich Böll Stifftung, https://mx.boell.org/sites/default/files/el_bajo_indice_de_violencia_en_nicaragua.pdf. Ver también en 2017, el índice de Brecha Global de Género del World Economic Forum (Foro Económico Mundial), que muestra que Nicaragua es el país con mayor equidad de género de América Latina, ocupando el sexto lugar después de Islandia, Noruega, Finlandia, Rwanda y Suecia.
(https://www.weforum.org/agenda/2017/11/these-are-the-world-s-most-gender-equal-countries/?utm_content=buffera30f5&utm_medium=social&utm_source=twitter.com&utm_campaign=buffer)

[25] Jorge Capelán, «La Maldición de Malinche. La traición de los intelectuales», Correo de Nicaragua, febrero­marzo, 2010 (https://www.academia.edu/11787181/Nicaragua_La_Maldición_de_Malinche_-_La_traición_de_los_intelectuales)

[26] «En Nicaragua se arraiga una izquierda desgastada», op. cit.

[27] http://tortillaconsal.com/tortilla/node/3478

[28] Aram Aharonian, «Nicaragüita, y el triste papel de la izquierda regional»
https://www.globalizacion.ca/nicaraguita-y-el-triste-papel-de-la-izquierda-regional/

[29] https://twitter.com/diocesisdemat/status/1002224688767135744

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